El 2 de enero de 2024, el Instituto de los Hermanos Maristas celebra el 207º aniversario de su fundación. Un capellán joven de 27 años, Marcelino Champagnat, tomó conciencia de las graves carencias que sufrían niños y jóvenes, especialmente en el ámbito de la educación y de los valores espirituales. Había nacido en 1789, el mismo año de la Revolución Francesa, que proclamaba como lema «Libertad, igualdad y fraternidad». Él interpretó estos ideales a la luz del evangelio y en 1817 colocó la primera piedra de un proyecto ilusionante y comprometido: la fundación de una fraternidad, los Hermanos Maristas, al servicio de la educación para todos, con una atención especial a las personas que tenían menos oportunidades. Sorprende observar que de un pueblo francés tan pequeño como La Valla, perdido entre montañas, pudiera surgir un sueño que hoy tiene presencia en más de 80 países. Miles de personas comparten este espíritu y esta misión como educadores y educadoras maristas.
Cada celebración del 2 de enero representa una magnífica oportunidad para adentrarnos en el sentido de lo que significa la misión marista hoy. Hacemos un acto de memoria, no un ejercicio de nostalgia. No se trata de retroceder movidos por la añoranza de épocas pasadas, como si el desencanto del momento presente nos hiciera dar la máxima importancia al retrovisor. Volver al origen tiene otro significado. Implica regresar a las raíces, al proyecto fundacional. Se trata de recordarnos por qué estamos en el mundo, es decir, de dar prioridad a nuestra misión, vivida desde el humanismo cristiano, que es estar al servicio de la educación de los niños y jóvenes, velar por su desarrollo, colaborar en la tarea familiar desde el ámbito escolar y social…
Somos conscientes de que nuestra sociedad y nuestro mundo presentan nubes oscuras en el horizonte. Para los niños y jóvenes, así como para las familias, no resulta nada fácil. Por este motivo, creemos que educar en la esperanza es hoy un reto ineludible. Dar razones para vivir. No se trata de colorear el futuro de manera infantil, sino de sumergirse en la realidad, enfrentarla de manera solidaria y transformarla desde una visión espiritual profunda. El Instituto Marista, en todas sus obras educativas escolares y sociales, con la implicación de todos los profesionales que colaboran en ella, hombres y mujeres, continúa comprometido en proporcionar una educación de calidad, nutrida de unas vivas semillas de esperanza.
Lluís Serra Llansana,
Presidente de las Fundaciones Champagnat, Anna Ravell y Escó.
